Mi forma de acompañar el duelo se basa en crear un espacio seguro, respetuoso y libre de juicios, donde puedas dar lugar a tu experiencia y a tu dolor a tu propio ritmo. Un espacio donde no haya exigencias sobre cómo deberías sentirte ni plazos sobre cómo “avanzar”, sino presencia, sostén y comprensión.
Trabajo desde un enfoque integrador, combinando diferentes herramientas terapéuticas adaptadas a cada persona y a cada momento del proceso. Entre ellas, utilizo EMDR, una técnica que puede ayudar a procesar recuerdos dolorosos, imágenes o escenas que permanecen muy activas a lo largo del duelo. También trabajo con el proceso MAR, un modelo específico para la elaboración del duelo y de relaciones difíciles, que permite integrar la ausencia, elaborar las culpas, revisar los vínculos y favorecer una reorganización emocional más amable con la pérdida.
El acompañamiento no busca borrar el dolor ni olvidar a la persona que ya no está, sino ayudar a encontrar una forma de convivir con la pérdida, integrándola en la historia vital de manera más sostenida y compasiva
Perder a alguien importante puede dejar una sensación de vacío difícil de explicar. El dolor a veces no disminuye con el paso del tiempo y pueden aparecer la culpa, la confusión o la sensación de estar bloqueado/a, paralizado/a, mientras la vida alrededor continúa avanzando como si nada hubiera ocurrido. Esta desconexión entre lo que se siente por dentro y lo que sucede fuera puede resultar profundamente desgastante.